martes, 24 de abril de 2007

HISTORIA DE UNA LATA (1ª PARTE)


Durante años me obsesionaron las latas de conservas de pescado. En primer lugar, por su ordenación, tan compacta, tan llamativa, tan perfecta, tan imposible, los pescados que en ellas se encontraban me decían, no rompas nuestra armonía, nuestro encuadre, estamos unidos en esto y no podrás vencernos.

En segundo lugar, me imaginaba a las mujeres de las conserveras, con sus pañuelos anudados en la nuca, escondiendo esos cabellos cubiertos de brisa gallega, con las manos curtidas de mar, porque no hay manos en el mundo más curtidas que las de la gente de mar, siempre húmedas y tensionadas por no dañar esas maravillas que nos brinda Neptuno, y que tan gustosamente nos llevamos a la boca.

En tercer lugar, pensaba que si yo me metía en una lata me podría conservar, compactar, perfeccionar, con el consecuente riesgo de que alguien levantase mi tapa, me comiese acompañada de una cerveza o un vermuth, en el mejor de los casos, sería triste irse al otro mundo comida por alguien y sin compañía, y sin que ese alguien reparase en mi esfuerzo por meterme en la lata.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No volveré a mirar las latas de conservas con los mismos ojos después de esta descripción. Sin lugar a dudas hoy ha sido un placer entrar en trampantojo. Este es el mejor post!!!

Anónimo dijo...

Cuanta poesía dentro de una lata. Genial, como siempre. TQ.
Amy.

Anónimo dijo...

Llevaba varios días sin entrar y cuando llego me encuentro la Poesía en forma de lata de conserva! Me encanta la sensibilidad con que miras el mundo que te rodea. Besos,
Yrene.